[Parte 2] Sugoi Uriarte: “Hay vida después de la derrota”

Lo prometido es deuda. Toda buena historia tiene su segunda parte, y esta vez no iba a ser menos. A continuación, la segunda entrega de la charla que tuvimos el lujo de mantener con un referente del deporte español que, como hemos comprobado, también lo es cuando se aleja de los tatamis. De victorias y derrotas, de la medalla olímpica que se escapó e incluso de fidelidad trata esta conversación tremendamente constructiva. Disfruten y paladeen.

Pregunta: Anteriormente decías que ibas siempre a ganar, pero también hubo veces que perdiste. ¿Cómo asume el niño esa primera derrota?

Respuesta: Fatal. Estuve llorando una semana sin parar. Parecía que se me había caído el mundo. Ahora, cuando mis infantiles pierden, le quito importancia. Veo que lloran y lo pasan muy mal. Yo les digo que no pasa nada, que hay vida después de esto. Ellos me lo niegan, creen que no les van a convocar en alguna concentración. Yo intento darles otras salidas, pero cuando tienes esa edad te parece que has fallado en el momento clave. Yo perdí por una tontería la final que me clasificaba y todos mis amigos fueron a competir al cadete mientras yo me quedaba en mi casa. Si pasa eso, lo único que hay que hacer es coger un autobús e ir a ver a tus amigos al campeonato y apoyarles. Es lo que hice, pero ya te quedas un poco como que ya eres el malo. Ahí es cuando tienes que entrenar más para volver a ser el bueno.

P: ¿Te da algún aprendizaje esto?

R: Mucho, pero para toda la vida, no solo para el deporte. Para cualquier cosa siempre vamos a tener zancadillas. Yo estoy orgulloso de no haberme clasificado para el campeonato cadete porque eso me hizo trabajar más que el resto. El que queda campeón todos los años se acomoda un poco. Mi ‘dopaje natural’ ha sido tener más capacidad de sufrimiento que el resto y poder entrenar siempre un poquito más que el otro.

P: A ti la primera derrota en los JJ.OO te costó mucho asimilarla.

R: Sí, ahora si lo pienso se me ponen los ojos llorosos. Me costó mucho porque perdí la medalla de bronce por decisión arbitral y yo considero que el combate era mío. Estaba seguro. Si das todo lo que depende de ti y pierdes el combate, no pasa nada, pero yo creo que el combate era mío y por eso me cuesta tanto asimilarlo. Ahora mismo soy incapaz de ver el combate porque no he pasado página. Estoy orgulloso de mí mismo por haber dado el 100% en cada día de entrenamiento hasta llegar a los JJ.OO, pero estoy triste porque no tengo la medalla olímpica. Estoy muy orgulloso como Sugoi Uriarte de haber dado todo lo que depende de mí para conseguir ese sueño.

P: ¿De verdad no has visto nunca ese combate?

R: No, nunca, ni creo que lo vaya a ver. Solo me dije a mí mismo que lo iba a ver si ganaba una medalla en Río y no la gané.

P: ¿Se prepara mucho al chico psicológicamente?

R: Mucho. El apoyo familiar y de los amigos es importante, pero ahí quien más me apoyó fueron mi madre, mi hermana y mi hermano en casa. Ahora preparo mucho a los chicos que tengo en estas edades. Siempre tenemos la posibilidad de perder o ganar. Esto es una parte de un camino muy largo, así que no les centro en esta meta, les centro en una meta futura. Es un aprendizaje. Al final, muchas veces prefiero que no ganen, así se fijarán en lo que han fallado. Si ganas no te fijas en qué has fallado, sino que sigues adelante sin mirar atrás.

P: ¿El CESA es una lanzadera de despegue a la competición para el niño?

R: Sí, pero no es imprescindible sacar un resultado ahí para ser un ‘crack’ en el futuro, aunque siempre ayuda. Normalmente el que no consigue resultados en estas categorías pierde la motivación poco a poco.

P: Entonces, desde tu experiencia personal, ¿a qué edad consideras que el niño es un deportista de élite?

R: Yo he sido una persona diferente. He tenido una madurez más tardía porque en edades tempranas no he entrenado tanto. Normalmente, los que llegan ya suelen ser buenos en estas categorías – infantil y cadete – porque el sistema de entrenamiento que han tenido es mejor, lo que les permite conseguir resultados desde infantil hasta senior. No es imprescindible, porque yo estaba en un sitio pequeño donde el entrenamiento no era tan duro como en otros sitios y, sin embargo, el practicar todos los deportes me hacía estar muy bien físicamente. Igual no quedaba campeón en Judo, pero era tercero nacional, que para lo que yo entrenaba estaba muy bien. Yo era un guerrero. Rendía bien para el nivel que tenía en judo. Por lo tanto, yo empecé a ser profesional, entre comillas, a partir de los 18 años, cuando me desplacé a Valencia. Estaba en primero de carrera y exploté más tarde. Disputé mi primer campeonato internacional con 24 años.

P: ¿En qué ha cambiado esto respecto a tu época?

R: Yo creo que sigue bastante parecido. Este año lo organizamos nosotros en Valencia y me hace mucha ilusión porque veo que es el campeonato más bonito que hay. En el campeonato infantil y cadete habrá unas 4.000 personas en el público, algo que no se da en ningún campeonato de España y de judo en ninguna otra categoría. Compiten 1.000 niños y cada uno, como es su primer campeonato, se lleva a toda su familia. Va a haber un ambiente espectacular tanto en la grada como en el tatami. Toda la familia está super contenta porque su niño pertenezca a la élite del judo español, y abajo, entre los chavales, el compañerismo y el juego limpio que hay es espectacular. Para mi gusto, nosotros, los entrenadores, somos los que tenemos que educar e incidir en eso para marcar el diferencial con los demás deportes.

P: ¿El juego limpio es uno de los diferenciales del judo respecto a otros deportes?

R: El camino es super importante y, si juegas limpio, cuando mires atrás siempre estarás orgulloso. La verdad que, aunque piense que el árbitro no hubiese estado acertado en alguna ocasión, la amistad que se construye a estas edades es más importante que el resultado final. Yo, si me quedo con algo, prefiero tener una mujer como Laura a tener una medalla olímpica.

P: ¿Por qué crees que el judo no es un deporte tan mediático?

R: Porque es un deporte muy difícil de entender para el que no sea judoka. El fútbol, al final, consiste en meter una pelota en la portería. La gente discute si hay fuera de juego, falta, tarjeta roja o amarilla, etc., pero todo el mundo tiene las reglas claras. En el baloncesto, por ejemplo, pasa igual. Sin embargo, las reglas en el judo son complicadas y solo las entienden los amantes del deporte. Veo muy complicado que alguien vea judo si no lo practica o si no tiene un familiar que lo haga.

P: ¿Y por qué hay más chicas campeonas que chicos en judo en España?

R: La razón para mí son los JJ.OO de Barcelona, que fue el campeonato en el que el equipo femenino español compitió por primera vez. España – era el país organizador – consiguió tener un equipo muy fuerte de chicas y gente como Miriam Blasco o Almudena Muñoz, que ganaron oros olímpicos, han sido referencia para las categorías de debajo de chicas, algo que ha venido muy bien. En el año 1992 había menos países que competían. Antes los países del este trabajaban el equipo de chicos, ahora trabajan igual ambos, también el de las chicas, y el nivel se ha equiparado.

P: ¿En España falta un referente? Porque si sois el cuarto equipo en licencias y no hay un campeón, algo tiene que fallar.

R: Sí, pero ten en cuenta que también compites con Francia, por ejemplo, que tiene veinte veces más licencias que tú. Está claro que algo está fallando porque no se saca el nivel de competición acorde al número de niños que lo practican, ya que estas licencias son de niños de 12 o 13 años, sobre todo, que normalmente lo dejan. Pero es verdad que sí que hay que aprender a catalizar todo ese talento que puede haber.

P: ¿Tú no te has sentido un referente?

R: Sí. Durante mucho tiempo.

P: ¿Qué te ha aportado a ti el judo para que sigas estando en él? A nivel de popularidad, de despegue… Sorprende que tengas dos ingenierías y estés todavía en el judo.

R: Sí, tienes razón. Mientras desarrollaba mi carrera deportiva quise seguir con los estudios. Consideraba que iba a ser el rey del mundo en el sentido de que cuando dejase el judo había estudiado una ingeniería y me podría dedicar a ello. Es verdad que, yo al día siguiente de terminar los JJ.OO de Río ya ejercía de referente de mi equipo. Empecé a coordinarlos de la forma en que yo hacía de competidor, pero ahora de entrenador y ahora hay algunos que están preparándose para la olimpiada. Estoy un poco en deuda, ya que me han ayudado a mí y a mi carrera olímpica y me he comprometido a mantener en el camino a todo ese mundo que está despegando, mínimo hasta Tokio. Después ya veré en el futuro qué hago, pero obviamente, como ingeniero ya se me ha pasado el arroz (risas). Yo estoy en deuda con ellos para conseguir que sean mejores de lo que lo he sido yo.

P: ¿No se te ha pasado nunca por la cabeza decir ‘hasta aquí’ con el judo?

R: Sí, muchas, porque en la labor de competidor soy muy exigente y, por lo tanto, como entrenador también. Cuando los chicos no siguen el nivel que yo quiero me enfado. Hay muchas veces que digo: ‘oye, me apetecería estar en una empresa a las siete de la tarde, cerrar mi despacho y hasta el día siguiente no saber nada de nadie’, porque al ser entrenador estoy continuamente viajando con ellos. Yo no me imaginaba esto, pero ahora estoy dirigiendo el equipo y lo que quiero es que lleguen a ser mejores de lo que lo he sido yo en unas condiciones mejores de las que he tenido yo.

P: ¿El hándicap es llevarte el trabajo a casa y no desconectar?

R: Sí, ese es el problema. Mi vida es el judo y, por lo tanto, es difícil porque yo cuando tengo el compromiso de entrenar a Julia Figueroa para unos JJ.OO, a Ana Pérez Box o a Alfonso Urquiza significa que tengo que estar 24/7 atendiéndolos. Aparte no son solo ellos, también son los juniors que vienen fuertes, etc.

P: ¿No es mucha responsabilidad esto?

R: Según como te lo tomes, a mí al final me gusta. Es verdad que al final nunca cierras el despacho y nunca tienes vacaciones, pero a mí me gusta.

P: ¿Qué le ha aportado Sugoi al judo?

R: Creo que al judo le he aportado el haber demostrado que una persona con unas condiciones físicas normales haya podido llegar a lo más alto posible. Vine de una familia muy humilde y me pude desplazar a otra ciudad como Valencia para estar en las mejores condiciones posibles para llegar a ser el número uno y durante ocho años he estado en la cima mundial. He podido ganar un campeonato, pero más o menos me he mantenido entre los ocho mejores del mundo prácticamente. Además, mentalmente he sido duro, he aguantado un poquito más que el resto, pero eso me lo ha enseñado mi madre desde pequeño, que nos ha inculcado el trabajo.

P: ¿Qué imagen tienen los chavales de ti?

R: Eso se lo tienes que preguntar a ellos cuando vayas al campeonato. Yo creo que soy una persona muy fiel, a la que cuesta llegar, pero que en el momento en que me abro a ti ya te doy todo y espero que tú me lo des. Y no me falles nunca, porque una infidelidad no la voy a perdonar. Soy tan fiel, que, si yo te abro mi corazón y mi puerta, tú tienes que darme el 100% como yo te lo doy a ti. Si en algún momento me fallas y me metes una estaca, por mucho que me pidas perdón no se me va a olvidar.