Juanma Uruñuela: “El BSR es una lección de vida constante”

Con cinco juegos paralímpicos a sus espaldas y seis mundiales, Juanma Uruñuela, árbitro internacional de BSR desde 1991, también ha arbitrado tres CESA, entre ellos, el primero disputado en Cáceres, en 2008. La final de ese campeonato, según nos acabaría confesando, es la más emocionante que ha dirigido en su carrera.

Hoy es domingo, queda hora y media para que empiece su partido de LEB Oro, un Palencia – Oviedo que se antoja más que interesante, y el colegiado vasco nos atiende con toda la tranquilidad, simpatía y amabilidad que puede existir en el mundo para contarnos, entre otras cosas, que arbitrando BSR es en lo que más disfruta, no sin antes hacernos una especificación más que necesaria: el BSR es tan normal como el baloncesto, denominado por él mismo, ‘de a pie’, y así hay que diferenciarlo. Comenzamos.

Pregunta: En primer lugar, ¿cuáles son las principales peculiaridades o diferencias que pueda tener el reglamento de BSR respecto al de baloncesto de a pie?

Respuesta: La diferencia entre ambos tipos de baloncesto es, evidentemente, que en uno hay una silla de ruedas de por medio y en otro, no. Esto hace que la capacidad de salto desaparezca.

Las reglas son las mismas. La única diferencia es que interviene la silla de ruedas y con ella vienen implícitas otra serie de, valga la redundancia, reglas. Las distancias son las mismas, la altura del aro es 3,05 metros, la de la línea de tres son 6,75 metros y meten triples igual que los demás. Lo único que estos jugadores no juegan por encima del aro, estos juegan por debajo del aro.

De cintura para arriba es muy fácil de arbitrar porque es como el baloncesto de a pie. El problema es de cintura para abajo, cuando interviene la silla. En el BSR se lucha mucho por la posición, porque claro, no es lo mismo un baloncesto donde tú tienes la capacidad de saltar, que un baloncesto en silla donde la distancia que tiene un jugador es la que le da el brazo y lo que puede ladear la silla. Esa es la gran diferencia.

P: Entonces, ¿la mayor diferencia está a la hora de señalar las faltas?

R: Sí, en los contactos. De cintura para arriba los contactos son claros, igual que en el básquet de a pie: cuando tocas brazos, cuerpo, o cabeza mientras tiras. Sin embargo, luego tienes que determinar los contactos que son con y a través de la silla. Eso sí que es más complicado, porque un leve contacto hace que la silla no arranque. Un pequeño contacto, dependiendo quién lo haga y la puntuación del jugador que lo reciba, es una desventaja muy grande, o una ventaja muy grande para quien la comete.

P: ¿Qué tipo de contactos se señalan entonces o cuál es el criterio?

R: Si hablamos de alto nivel de BSR la calidad técnica y física es muy alta. Entonces, lo que tenemos que valorar es si se genera una desventaja o no y, sobre todo, la desventaja teniendo en cuenta la puntuación. Una persona con una discapacidad menor, es decir, alguien al que le falta un dedo del pie, tiene una puntuación muy alta. En cambio, una persona con una discapacidad muy grande, un parapléjico que va en una silla toda su vida, tiene una puntuación muy baja. Como se puede comprender, nada más que le toquen un poquito es una desventaja grandísima porque no es capaz de volver a montarse en la silla.

P: ¿Entonces, los árbitros también juegan con la puntuación a la hora de arbitrar?

R: No jugamos con ello, pero sí que se tiene en cuenta. No es lo mismo que un jugador con una puntuación baja le haga una falta a uno grande, que a veces ni lo nota, a que un jugador con cualquier puntuación haga una falta a uno de puntuación baja. Se nota muchísimo. No es que lo tengamos en cuenta, pero se ve y tienes que ser consciente de ello. En el baloncesto de a pie pasa lo mismo, si un base le hace una falta a un pívot, le hace cosquillas, y si es a la inversa es muy notable.

P: Cambiamos de tercio, ¿qué te aportan a ti este tipo de campeonatos en edad escolar, y en concreto, de básquet adaptado?

R: Yo la primera vez que arbitré un CESA acababa de dirigir la final de los JJOO de Pekín 2008. Fue el primero que se celebró, en Cáceres. La final fue Madrid contra Castilla y León y quedaron empate a diez, con prórroga. Puede que sea el partido más emocionante que haya arbitrado en mi vida, tanto en baloncesto de a pie, como silla de ruedas. Fue una pasada. Me acuerdo de que mi mujer estaba en la grada y lloraba de la emoción, y los padres estaban volcados porque lo que había eran padres de jugadores que tenían un problema y entendían cuál era el motivo por el que se jugaba. El ganar estaba muy bien, pero lo que importaba era que disfrutasen todos. Por eso, los valores que trasmiten son brutales.

Te puedo asegurar que recibo mucho más con el BSR de lo que yo puedo aportar. Es una lección de vida constante y hay que convivir con ellos para saber realmente las dificultades del día a día y la valía que demuestran estas personas.

P: ¿Qué aprendéis vosotros de los chavales?

R: Nosotros aprendemos que personas que tú ves que pueden caminar medianamente bien, que se quitan el pantalón y del muslo para abajo tienen una pierna ortopédica y que lo demuestran, son muy valientes. Sentarte en la silla y demostrar al mundo que tienes una discapacidad es muy valiente, ¿no?

P: ¿Qué aprenden los chavales de vosotros, los árbitros?

R: Los que tenemos más experiencia intentamos trasladar esa experiencia y conocimiento. Lo primero que hacemos es colaborar en su formación porque es muy importante. En esta categoría están todavía formándose. Y creo que colaboramos con nuestro conocimiento, ya sea en reglamento o fundamento. Además, también colaboramos en actitud. En esa edad podemos colaborar en su formación no solo deportiva, sino en una serie de valores que les podemos trasmitir.

P: ¿Cómo?

R: Fallando muchas veces. Yo creo que ahora acierto mucho porque he fallado mucho durante mi vida. Esto es real. Después de fallar muchas veces, yo creo que ahora mi porcentaje de acierto es alto.

P: ¿Con experiencia?

R: Evidentemente, yo lo que traslado son mi experiencia, mis conocimientos y mi actitud.

P: Por último, tú que has dirigido partidos muy importantes de BSR, cuéntanos alguna anécdota divertida que te haya pasado a lo largo de los años.

R: Pues mira, en mi primer partido de BSR no tenía ni idea y me enganchó. Uno me decía “¡pie, pie, pie, pie!”, y yo señalé pie y el hombre era parapléjico y no podía mover los pies. Literal. A mí esas cosas me mosquean y por eso estoy aquí, porque un jugador me hizo señalar pie sin saber, y me mosquea el no saber. Metí la pata, pero te puedo asegurar que aprendí.